martes, 21 de febrero de 2017

58.000 hectáreas ociosas en concesión minera serán para ganaderos indígenas


CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE COLOMBIA

Riohacha, La Guajira, 20 de Febrero de 2.017

Doctor
JUAN MANUEL SANTOS CALDERÓN
Presidente
REPÚBLICA DE COLOMBIA
Bogotá, D.C.
Vía electrónica: Directiva Presidencial cero (0) papel.

Asunto: Solicitud de contribución a la solución del problema de muerte por desnutrición, concertando el acceso de ganado indígena para el pastaje en terrenos de piedemonte de serranía otorgados en Concesión Minera, llegando a los terrenos mediante corredor que comunique la Alta Guajira con 58.000 hectáreas no explotadas, y creando las condiciones para que esta actividad no interfiera con la actividad extractiva minera.

Respetado Presidente:

Sí hubo largos siglos de una Guajira habitada por gente bien nutrida, libre, rica y feliz, cuando otrora fuimos la primera nación de América en hacer circular los capitales financiero, comercial y productivo, creando un mercado sin barreras arancelarias. Sí, fuimos la primera nación de América que fundó para su provecho lo que hoy llamamos globalización de la economía.

Respecto a esos tiempos usted se pronunció el 19 de Noviembre de 2.010 en la Universidad de las Indias Occidentales de Jamaica, resaltando así la batalla de la Guajiridad[1]: “En 1776 «sic» hubo un levantamiento indígena en La Guajira colombiana, protagonizado por indios de la etnia wayuu, en el que estos derrotaron a las tropas españolas y recuperaron lo que para ellos era muy importante: la posibilidad del comercio con posesiones insulares inglesas y holandesas como Jamaica y Curazao.”

Corrigiendo la fecha por 1.769, esto que usted retrata fue La Wajiira que hicieron respetar los Indígenas Wayuu, cuando los españoles quisieron conquistarnos y colonizarnos en el siglo XVIII, tratando, dicho en similar tenor, “de dominar la región, para evitar la expansión del comercio” entre nuestros coterráneos y otros extranjeros europeos; tiempo en el cual distintas razas y nacionalidades tenían su asiento más próximo en la ciudad cosmopolita de Riohacha, en cuyos alrededores “tuvo lugar una severa rebelión, provocada por la captura de 22 guajiros por las autoridades españolas para llevarlos a trabajar a las fortificaciones de Cartagena. La respuesta no se hizo esperar: el 2 de mayo [de 1.769] los indios de El Rincón, cerca de Riohacha, incendiaron su pueblo y quemaron la iglesia, en la que murieron dos españoles que se habían refugiado en ella.”[2]

La Wajiira en 1769, mapa realizado para el virrey Guirior, sucesor de Messía de la Cerda en 1772. Reúne el territorio de una nación que de Este a Oeste va desde el río Palomino hasta el río Limón, hoy dividido en La Guajira Este y La Guajira Oeste.

Nuestra vida cambia negativamente cuando por oídas de “los relatos míticos”, “en el año 1862” los terrenos que hoy se denominan «Cerrejón» “fueron visitados y escudriñados por el ingeniero norteamericano John May”; y “en 1880, Estados Unidos fija su atención en las minas de El Cerrejón y desplaza hasta ese sitio a una comisión de ingenieros encabezados por el geólogo William Fleig”, a la sazón Director “del Departamento Minero de los Estados Unidos”.[3]

Las recién creadas Nación Colombia (1.810) y la Nación Venezuela (1.811), ambas con gran arraigo ante la aún poderosa España, intervienen la Nación Wajiira con la mirada fija en alcanzar dos propósitos fundamentales para los anhelos económicos propios y los del naciente imperio norteamericano: la Mina del Cerrejón y el canal navegable de entrada al Golfo de Coquivacoa.

Mediante “el laudo arbitral del 16 de marzo de 1891” proferido por la infanta María Cristina de España y producido con aparente estímulo por la donación del “tesoro quimbaya al Gobierno español, … como muestra de agradecimiento por el gran trabajo que se tomó en el estudio de nuestra cuestión de límites con Venezuela y la liberalidad con que hizo todos los gastos.” “El júbilo de la reina fue proporcional a la molestia de los colombianos que no entendieron por qué Holguín había hecho semejante regalo, con el argumento de que se trataba de un gesto de gratitud por el apoyo que ella y su país le brindaron a Colombia en un conflicto limítrofe con Venezuela.”[4], a la Nación Colombia (República de Colombia) le correspondió la mayor parte de los terrenos que conforman la Mina Carbonífera del Cerrejón perteneciente al territorio que los contendientes llamaban Goajira, y a favor de la Nación Venezuela (Estados Unidos de Venezuela) por laudo, vale observar, le adjudicaron una porción menor de la Mina.

Esta desproporción no fue óbice divisorio, porque Venezuela no contaba, como en efecto no cuenta, con canal navegable próximo a su Península de Paraguaná; de allí que su mayor interés se concentró en que le concedieran, como en consecuencia de lo anterior se le concedió posteriormente la figura política de costa seca, permitiéndole establecer el límite de la costa de la Península de La Guajira como frontera venezolana.

Costa seca propuesta en el Golfo de Venezuela. https://es.wikipedia.org/wiki/Costa_seca.
La parte geográfica correspondiente a la Península de La Guajira Oeste no tiene mar propio.

De esta manera el territorio de la Nación Wajiira quedó fragmentado en La Guajira Oeste y La Guajira Este, desdibujándola del contexto internacional y rompiéndole la cohesión existente en el hasta entonces tejido singular que conformaba un pueblo originario que tiene territorio propio, grupo nacional e idioma propio; y afectando de contera a la población ganadera de vida nómada, al limitársele y prohibirsele utilizar en tiempo de sequía o escasez de pasto las más de ochenta mil hectáreas de tierra, que precisamente eran su territorio más fértil en fauna y flora, por estar situada en el piedemonte de la serranía.

Aunque disminuida y quebrantada, La Wajiira sin dificultades apremiantes vivió con escasez, pero sin hambre, hasta las primeras décadas del siglo pasado, cuando hasta entonces la condición de la población nómada ganadera y agrícola hacía posible aún obtener el conjunto de medios necesarios para su propio sutento, así como para el sustento de las otras familias, las que eran sedentarias en razón de sus oficios de comerciantes, leñadores o industriales del carbón vegetal y de la sal.

Entre inicios y mediados del siglo XX se suceden visitas de empresarios y comisiones de Francia, Estados Unidos y Japón a la Goajira arbitrada por España, y “tras un dilatado proceso de negociación, la propiedad de una parte de estas tierras donde estaban los yacimientos, pasó de manos de una de las comunidades indígenas «Wayúu», al Instituto de Fomento Industrial, IFI, adscrito al Ministerio de Desarrollo Económico, que a continuación creó, por Escritura Pública, el 17 de abril de 1969 una de sus empresas (o proyectos industriales) con el nombre de El Cerrejón Carboneras Ltda.”. “Los Wayúu tenían sus asentamientos en esos lugares, y eran sus legítimos dueños tanto del suelo como del subsuelo por derechos otorgados por la Legislación de Indias o Cédulas Reales, que manteniendo ininterrumpidamente la cadena de tradición de títulos, conservaron esos derechos, según fue reconocido por sentencias del Tribunal Superior de Santa Marta el 21 de abril de 1951, y de la Sala de Negocios Generales de la Corte Suprema de Justicia el 16 de octubre de 1953.”[5]

Por vaivenes circunstanciales de bajos precios del carbón y la poca experiencia colombiana en el manejo de los mercados internacionales del carbón y de explotación a gran escala del mineral, el 16 de Noviembre de 1.976 El Cerrejón Carboneras Ltda., muta en Carbones de Colombia S.A., CARBOCOL, y esta empresa recién conformada, el 17 de Diciembre de 1.976 celebra con la International Colombia Resources Corporation, INTERCOR, filial de la casa matriz Exxon Corporation, el “Contrato de Asociación para el Área B de El Cerrejón”, en área contratada de aproximadamente 38 mil hectáreas.

Las anteriores dos empresas asociadas actualmente han sido adquiridas por las nuevas empresas Cerrejón Zona Norte S.A. y Carbones del Cerrejón Limited respectivamente, que operan “en los depósitos de carbón localizados en el centro sur del departamento. El área minera se extiende a lo largo de 50 kilómetros en el valle del río Ranchería, entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía de Perijá, cubriendo una extensión de 69.364 hectáreas.”… “A pesar de que Cerrejón opera en un territorio de 68.700 hectáreas, a lo largo de su vida operativa hasta el año 2010 solo había intervenido algo más de 11.500 hectáreas, es decir un 17% del territorio concesionado. Se tiene previsto que durante las siguientes décadas continuará expandiéndose hasta alcanzar, al fnalizar el contrato actual de operaciones en el año 2034, una extensión final aproximada de 16.300 ha”[6].

Vista satelital de la Concesión Minera donde se aprecia al Oeste el área explotada y en explotación, y al Este el terreno no explotado. La línea amarilla es la limítrofe con la República Bolivariana de Venezuela. Al Norte la franja de terreno que conlleva la línea férrea y la carretera Puerto Bolívar – La Mina, limitando en su mayor parte, a lado y lado con el denominado “Resguardo Indígena de la Comunidad Wayuu de la Alta y Media Guajira”.

Presidente Juan Manuel Santos Calderón: contamos con un remanente de cincuenta y ocho mil hectáreas (58.000Has) de tierra que hasta el año 2.034 permanecerán concesionadas, pero que en los actuales momentos están sin utilización para el propósito inicialmente concebido, como así mismo lo estarán hacia el futuro próximo. ¡Hoy son las mismas tierras productivas pero en estado ocioso, mientras que antes servían a los nómadas agricultores y ganaderos indígenas!

Luego, por el hecho de que ¡duele muchísimo la muerte por hambre de más de 4 mil niños indígenas Wayuu! y de que estamos viviendo una época sólo comparable a la que vivió el pueblo de Israel en tiempos del profeta Jeremías, cuando según señala la versión bíblica RV 1909 en Lamentaciones 4:9: “Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos del hambre; porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra”; me lleva, como ciudadano a presentar a usted la siguiente

PETICIÓN:

Ante esta realidad evidente que origina tristezas y desgracias, y ante la palpabilidad de causas de antaño aquí demostradas, pido a usted que con carácter urgente concertemos la renovación de vida nómada para los ganaderos indígenas de la Alta Guajira, determinando la utilización de la tierra ociosa del piedemonte de la serranía para el pastaje de los semovientes de ellos, llegando a ella a través de un corredor habilitado como espacio geográfico que comunique el “Resguardo Indígena de la Comunidad Wayuu de la Alta y Media Guajira” con el área no explotada de La Mina, y creando las condiciones propicias para desarrollar esta actividad sin que interfiera con la actividad de explotación del carbón.

Obrando de conformidad, sabemos que con esta solución contribuiremos decididamente al trabajo y la menor dependencia de los nuestros a la dádiva, y a que, si al menos no devolvemos a La Guajira la condición de rica y feliz, podamos alcanzar un mejor estado nutricional para la niñez principalmente, y en general para toda la población indígena del Resguardo.

Atentamente,

LEODÉGAR LORENZO SEGUNDO ROIS REINA
Ciudadano 8.310.806

Con copia a:
-        Presidente del Senado: Oscar Mauricio Lizcano Arango.
-        Presidente de la Cámara de Representantes: Miguel Ángel Pinto Hernández. Atención de los Representantes de La Guajira: Alfredo Rafael Deluque Zuleta, Antenor Durán Carrillo y Álvaro Gustavo Rosado Aragón.
-        Representante Legal de Carbones del Cerrejón Limited y Cerrejón Zona Norte S.A.: Jorge Álvarez Posada.



[1] Expresión decorosa en reconocimiento al Alzamiento de la Nación Guajira contra la Corona Española, nacida en la Ordenanza 064 del 2.002 “Por medio de la cual se asume el Derecho de Réplica a la Historia, se le exige el reconocimiento de la Sublevación Guajira de 1.769 y se institucionaliza el Mes de la Guajiridad”.
[2] Barrera Monroy, Eduardo. 1.990. “La rebelión Guajira de 1769: algunas constantes de la Cultura Wayuu y razones de su pervivencia”. Biblioteca Virtual Luís Ángel Arango. Credencial Historia No. 6. Bogotá. Nación Colombia. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/junio1990/junio2.htm
[3] Chalita, Roberto. 2.011. El carbón de El Cerrejón: Un Tesoro Enajenado. Artes Gráficas Industriales Ltda. Colombia.
[4] Gaviria Liévano, Enrique. Repatriar el tesoro Quimbaya. 30 de Enero de 2.016, y Revista Semana. El tesoro quimbaya: un regalo dorado. 24 de Enero de 2.016
[5] Chalita, Roberto ib.
[6] Gualdrón Acosta, Ramón. CERREJÓN Hacia la rehabilitación de las tierras intervenidas por la minería a cielo abierto. Panamericana Formas e Impresos S.A. 2.009-2.010

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